El artículo, publicado recientemente en la Revista Médica de Chile, busca aportar en la búsqueda de soluciones y acciones que den respuestas a problemáticas no resueltas en el sector.

Sólo 2,8% de las 6.604 referencias bibliográficas que tenían hasta 2014 las más de 80 Guías Clínicas GES correspondían a estudios nacionales. Cifra que podría evidenciar la carencia en Chile actual de investigación esencial en el área clínica, o bien que los intereses de los mundos académico y asistencial caminan por carriles muy diferentes.

Ésa disyuntiva es la que busca analizar el artículo “Reflexiones sobre la investigación esencial en Chile”, publicado recientemente en la Revista Médica de Chile y elaborado por el Dr. Rodolfo Armas Merino, Premio Nacional de Medicina 2010, y Adrián Torres Canales, académico de IEDE, la Escuela de Negocios de la Universidad Europea de Madrid, institución en alianza con la Facultad de Economía y Negocios (FEN) de la Universidad Andrés Bello (UNAB).

“El objetivo principal de nuestra reflexión es aportar en la búsqueda de soluciones y acciones que sean factibles, eficientes y efectivas a problemas no resueltos en el ámbito de la salud”, dice Torres. “Enfocando –agrega– parte de los recursos, en estudios de investigación esencial sobre problemas de salud que afectan a la mayoría de la población y sobre la base de una determinada priorización consensuada entre los actores relevantes mencionados, pero orientada y liderada por el Ministerio de Salud”.

Para ello, los expertos hacen una revisión de las políticas públicas adoptadas en el área, destacando la creación en 2001 del Consejo Nacional de Investigación en Salud (CONIS), cuyo objetivo era asesorar en forma permanente al Ministro de Salud respecto a los temas prioritarios en materia de investigación, y del Fondo Nacional de Investigación y Desarrollo en Salud (FONIS), que surgen con el fin de proporcionar recursos concursables para las investigaciones aplicadas.

Proceso complejo

Como en cualquier área, la priorización es un asunto complejo. Así quedó demostrado en 2008, cuando CONIS, se abocó a identificar las áreas que debieran ser prioritarias para la investigación, para lo cual convocó a expertos provenientes de los sectores sanitarios, universitarios, fondos de investigación y de fomento de la producción, sociedades científicas médicas y empresas de la salud.

El proceso, destaca el artículo, enseñó que el liderazgo y dirección de la priorización debe radicarse en la autoridad sanitaria, de modo que los criterios se supediten al objetivo de lograr un sistema eficiente con un impacto positivo en la salud pública. Sobre cómo lograr que esto efectivamente sea así, Torres asegura que “se requiere la participación duradera y una coordinada interacción entre diferentes sectores relevantes, tales como, el mundo académico, legisladores e industrias relacionadas”.

A su juicio, lo primero que se requiere es tener conciencia de la necesidad de hacerlo y de los beneficios que aquello reportaría. “El liderazgo del sector es indiscutible, pues allí radica una inteligencia desarrollada por décadas, una experiencia acumulada muy rica y el llamado a formular las políticas públicas. ¿Quién más que ese sector debe contar con la evidencia científica del ámbito que le es propio?”, cuestiona.

Algunos de los principales problemas que se identificaron apuntan, por un lado, a que la priorización realizada finalmente en 2010 fue anterior a la instauración total del Programa AUGE/GES y se centró en temas muy amplios. Por otro lado, producto de un cambio de política ministerial, en abril de ese mismo año se disolvió CONIS, el que nunca más se reactivó y tampoco ha habido esfuerzos en priorizar la investigación, aunque en los “Objetivos Sanitarios para el año 2011-2020” se manifestó interés en contar con ella.

Solucionando el problema

Para comenzar a buscar una solución al problema, los expertos plantean la necesidad de reducir la brecha entre el mundo de los conocimientos y el de la acción sanitaria, y para lograrlo, realizan un conjunto de sugerencias. En primer lugar, recalcan que es necesario que el Ministerio de Salud, junto con las universidades, estimule, guíe y monitoree la investigación. “Ya en el pasado han habido experiencias exitosas al respecto, pero pueden también existir nuevas formas, atendida la nueva realidad que vivimos. La experiencia internacional puede ser una fuente importante de inspiración para aquello”, explica.

Respecto de si existe o no la voluntad requerida para una acción mancomunada, Torres sostiene que “si existe no se concreta porque las autoridades ocupan gran parte de su tiempo a responder a la contingencia y lo urgente, y les queda poco o nulo tiempo y espacio para los temas de mediano y largo plazo, tan necesarios para construir políticas públicas sólidas”.

En tanto, también proponen evaluar el desempeño del FONIS, para poder perfeccionarlo y, si fuese necesario y posible, aumentar sus recursos para estimular la investigación aplicada en salud, así como también evaluar la calidad e impacto de los proyectos y su aporte a la salud pública. Además, destacan la importancia de establecer un listado de afecciones prioritarias para la investigación más específico que el de 2010.

Asimismo, recalcan que es necesario reactivar el CONIS para que coordine con autonomía la investigación aplicada al interior del MINSAL. El experto asegura que “no cabe duda de su importancia como ente asesor permanente del Ministro o la Ministra de Salud, respecto a temas prioritarios que sean orientadores en materia de investigación científica y desarrollo tecnológico en salud”.

Finalmente, otros de los puntos abordados es que considerando que la escasez de personas interesadas y con tiempo protegido para investigar es probablemente uno de los principales escollos para esta actividad, se requiere explorar la formación de estos especialistas dentro de las unidades docente-asistenciales. “Existen muchos interesados en realizar investigación aplicada dentro de sus recintos asistenciales, pero que no tienen toda la formación necesaria para hacerla y no disponen de tiempo protegido para aquello. Una vez más lo urgente supera a lo importante. Esto es una mirada de corto plazo que hipoteca el bienestar futuro”. En consecuencia, concluye, “el problema estaría en la falta de conciencia de que invertir en la formación investigativa de especialistas clínicos, otorgándoles tiempo protegido y recursos para estimular la investigación aplicada en salud, sería no solo deseable, sino muy necesario”.